Paraguay y su crecimiento

Paraguay es un país situado en el continente americano, incrustado entre los dos gigantes argentino y brasileño y con frontera en el norte con Bolivia. Paraguay es el país con más crecimiento de América Latina y uno de los que más crecen en el mundo. Con tasas que superan el 10% del PIB, el asombroso crecimiento de este país de tan solo seis millones de habitantes es digno de ser analizado.

El modelo productivo paraguayo es similar al de otros grandes países latinoamericanos, siendo la base del mismo los fuertes sectores agrícolas y ganaderos, apoyados por un sector comercial y de servicios incipiente. La industria se encuentra en un proceso de desarrollo intermedio y depende directamente de la producción del sector primario, siendo el sector industrial sólo un paso más en la cadena de producción agroganadera del país.

Paraguay, como sus países colindantes, se está convirtiendo en una potencia agrícola. Los países de esta región del globo poseen una gran extensión de tierras aptas para el cultivo y de gran fertilidad. Ello, sumado a la baja densidad de población de algunas zonas, permite la exhaustiva explotación masiva del suelo. Por otro lado, también relacionado con la extensión de tierras, la actividad ganadera es tan importante en Paraguay que ha llegado a ser el octavo exportador mundial de carne vacuna, a pesar de su relativamente corta población.

La industria paraguaya es responsable de aproximadamente el 25% del PIB paraguayo y emplea al 18% de la fuerza laboral. En los últimos años, la industria ha comenzado a diversificarse y está pasando de ser sólo un proceso de industrialización de los productos obtenidos en el primer sector a producir productos de un mayor valor añadido. Además, en Paraguay se encuentra la central hidroeléctrica más grande del hemisferio sur, lo que le reporta una gran producción energética que exporta a su vecino, Brasil.

No obstante, este crecimiento no viene dado por el apoyo inversor extranjero, que fue menos del 2% del PIB en 2012, sólo lo empeoran México, Venezuela y Ecuador en los países asociados al Mercosur. No obstante, sí se aprecia un aumento de las inversiones externas en el país, atraídas por los fuertes crecimientos experimentados.

Como nota negativa, el beneficio de este crecimiento paraguayo repercute a una minoría que concentra la mayor parte de los recursos y de los bienes productivos. Las desigualdades en Paraguay han crecido fuertemente, ya que la mayoría de la población es incapaz de acceder a los medios de producción que reportan los beneficios y el crecimiento económico.

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Reparto del trabajo

Uno de los mayores retos a los que tiene que enfrentarse el ser humano durante este siglo XXI es el problema que genera la destrucción de puestos de trabajo a raíz del avance tecnológico y la automatización de la producción.

Ya en el siglo XIX se produjo una destrucción acelerada de puestos de trabajo en el sector primario debido a la maquinaria agrícola que permitía a los propietarios de la tierra trabajarla con mayor eficiencia y menor coste en contratación de trabajadores. Toda esta masa laboral emigró a las ciudades y fue absorbida por el crecimiento de las industrias y empleados en las fábricas. En la actualidad, también el sector secundario ha visto reducido su producción de puestos de trabajo ya que, en primer lugar, la continua automatización de la producción reduce la necesidad de contratación de trabajadores y, en segundo lugar, la deslocalización de la industria mueve la creación de los puestos de trabajo de un lugar a otro. Además, la revolución que ha supuesto internet y las telecomunicaciones han provocado otra fuerte reducción en la oferta de puestos de trabajo.

La realidad es que la sociedad se enfrenta a un panorama en que los puestos de trabajo se van reduciendo con el paso de los años. A pesar de que nuevos mercados y ámbitos de negocio han surgido, éstos han ido fuertemente ligados a la baja contratación laboral.

No hay puestos de trabajo suficientes para todos, tal y como está constituido en estos momentos el mercado de trabajo. La sociedad tendrá que idear una forma de reparto del trabajo y de las rentas producidas que permita a sus miembros disfrutar de una vida digna y productiva.

Para ello, se proponen diversas medidas:

-La primera supondría una división del trabajo. Donde antes trabajaba una persona en una jornada de 8 horas, ahora trabajarán dos en jornadas de 4 horas. Ello supondrá una reducción del poder adquisitivo de una de ellas y aumentará el de la otra, manteniendo la media de la clase trabajadora. Sin embargo, esta medida tendría como desventaja un aumento de las desigualdades sociales.

-La segunda consistiría en la aplicación de una renta básica universal. El Estado, mediante la recaudación tributaria, se aseguraría de entregar a cada ciudadano una cantidad básica fija que permita vivir de manera digna, pero sin disfrutar de ningún lujo. Aquellos que quisieran realizarse mediante el desempeño de un oficio o que quieran aumentar su capacidad adquisitiva tendrán que sumar un salario a la renta que proporciona el Estado cumpliendo su mandato constitucional de redistribución de la renta. El contrapunto es que esta medida favorecería el acomodamiento de los ciudadanos, la improductividad  y el cainismo entre mantenidos y trabajadores.

-Por último, se podría proceder a una tercer vía, que consistiría en obligar a la empresas a contratar a trabajadores cuando sus beneficios superen un porcentaje del total de los ingresos. De esta manera, se obligaría a las empresas a contratar a trabajadores, aun cuando no los necesite, reduciendo la jornada laboral de los mismos manteniendo el salario. La contrapartida es que los accionistas de las grandes empresas o los propietarios perderían motivación empresarial, ya que el crecimiento de los beneficios de la empresa se verá siempre lastrado por el aumento de la obligación de emplear a trabajadores. Sin embargo, no hay que olvidar que el aumento de trabajadores empleados con buenas condiciones salariales supone un aumento directo de la demanda interna de bienes y servicios, por lo que podría redundar a su vez en un aumento de los beneficios. Se trata de provocar un bucle social positivo en que ambos, empresario y trabajadores se ven beneficiados.

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Demanda Interna

Enlazando con la entrada anterior, cabe habla en relación a la crisis económica a nivel nacional sobre la demanda interna. Son muchas las noticias que últimamente destacan el aumento de la balanza del comercio internacional, destacando que cada vez crece más el superávit a favor de las exportaciones. Sin embargo, estas noticias no explican lo fácil que es aumentar esta balanza cuando las importaciones que hace el país se reducen de manera vertiginosa como ha sucedido en los últimos años.

En España, debido al fuerte desempleo y la crisis económica, el poder adquisitivo de los ciudadanos se ha reducido con fuerza y la demanda de bienes y servicios se ha reducido en consonancia. Tal vez incluso más, ya que la incertidumbre ha provocado un aumento del porcentaje de los ingresos que las familias han destinado al ahorro. De esta manera, no sólo se importa mucho menos, ya que no se compra lo importado, sino que las empresas españolas se han visto forzadas a redireccionar sus ventas al exterior y vender a otros países, satisfaciendo su demanda.

Aquellas empresas que no han encontrado clientes en el extranjero o que no han sido capaces de buscarlos, se han visto obligadas a interrumpir su actividad, engrosando el número de activos desocupados. El bar de la esquina es incapaz de vender sus platos combinados a la familia alemana que trabaja en la fábrica de Daimler, así como la clínica fisioterapéutica no puede ofrecer rehabilitación a jugadores amateur británicos.

Hay una doctrina de la economía que indica que, en lugar de las medidas llevadas a cabo recientemente de reducir los derechos y costes laborales, sería más útil y mejor para la sociedad un aumento de los salarios y una mejora de las condiciones laborales que generasen una mayor seguridad laboral y un aumento directo de la demanda de bienes y servicios. Porque unos ciudadanos con empleo a largo plazo y bien retribuidos son clientes deseosos de comprar los productos que las empresas ofrecen.

Es probable que los primeros años tras la aplicación de estas medidas fueran duros para algunas empresas, pero el aumento de la demanda interna provocará el crecimiento de otras que redundará en un beneficio final de aquellas que se han visto obligadas a reducir de manera temporal sus beneficios.

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Competitividad Internacional

Aprovechando las recientes noticias publicadas sobre los incendios y derrumbes que han provocado fallecimientos en fábricas localizadas en países del sureste asiático, como Bangladesh, parece oportuno realizar un comentario que enlaza las condiciones de trabajo de estos países, con las empresas que venden en Occidente y con la situación de crisis económica y desempleo que sufre la sociedad española.

Los trabajadores de las fábricas en Bangladesh trabajan en las cadenas de montaje que producen prendas de ropa para marcas de empresas como Inditex. La clave del comentario gira en torno a la afirmación lanzada por los medios de comunicación en varios artículos: trabajaban por un euro al día. Es difícil culpabilizar a las grandes empresas de apoyar la semiesclavitud, ya que estas condiciones laborales son legales en el país en concreto y no es voluntad de las empresas tener a sus trabajadores realizando su labor así, sino que acuerdan con un empresario local un precio y un producto y es éste el que impone dichas condiciones. Además, resulta difícil también culpar a los clientes de comprar productos manchados por un proceso de producción infrahumano, ya que ellos no deben, ni pueden en muchos casos, valorar opciones más allá de la calidad y el precio del producto.

Entonces, ¿en qué afectan las pésimas condiciones laborales a la crisis económica?

No hace muchos años, ropa que podría vender Inditex en estos momentos se producía en ciudades como Alcoy. En la actualidad, debido a que es mucho más barato producir en países que carecen de protección en materia de derechos laborales, las grandes empresas mudan su producción a estos países, cerrando las fábricas locales y dejando a sus trabajadores sin empleo. Durante los últimos años, esta situación se ha suavizado gracias a la burbuja inmobiliaria y el recurso de la deuda pública y privada. Pero, como todas las burbujas, llegó su explosión y la realidad ha surgido. Los millones de parados que tienen los países actuales son los millones de empleados que actualmente producen a un coste 30 veces menor al otro lado del mundo.

¿Solución? Difícil. Se puede apostar por unos aranceles “sociales” a aquellos productos fabricados en países cuyas condiciones laborales no sean equiparables a las del país de importación, pero esto conllevaría un enfrentamiento directo con los estados asiáticos y las grandes empresas que surten de dinero las arcas de los estados mediante los impuestos. Habría que realizar un riguroso estudio que valorase si el aumento de la demanda interna provocado por el aumento del empleo compensaría las pérdidas que sufrirían las grandes empresas en la adaptación a la nueva regulación.

 

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